DESDE EL SILLÓN DE LA ESPERA.“En plural mayestático, Daniel Coronell, fue despedido de la revista Semana”

Por: Abzalón Torres Echeverría

En el momento en que ingresé a estudiar Derecho en la Universidad del Atlántico, más o menos por el año de 1985-1986, dentro de mis interminables búsquedas de lecturas, me cayó en mis manos, un pequeño libro que halle por fortuna en mi casa, de portada amarilla, que tenía como título en letras negras, centradas: «LA PRENSA EN COLOMBIA»*, y en rojo a manera de sub-títulos, las preguntas: «¿COMO INFORMA? ¿DE QUIEN ES? ¿A QUIEN LE SIRVE?»; y de portada, la recreaba una antigua máquina de escribir marca Underwood, con una cadena envuelta y cerrada por un candado a manera de censura, cuyo autor del libro era el escritor, historiógrafo, periodista y abogado, Gabriel Fonnegra. Desde ese momento, fuera de aportar ese libro nuevos vocablos a mi vocabulario, como fueron las palabras: Urticaria-Urticante, quedé embelesado como se manejaba y se sigue manejando, la censura, en la prensa colombiana, quedando atónito con la frase: “el que pauta manda”. Una síntesis del arduo camino de la independencia en el periodismo colombiano.

Pero, igualmente, el libro: “También fui espectador” del fallecido periodista José Yepes Lema, el famoso “Malevo”, me mostró de su experiencia por más de diez años, en uno de los periódicos más importante del país, como es El Espectador, las masacres laborales de los Canos, alrededor de su emporio periodístico, llevándose por delante las prerrogativas laborales de trabajadores y periodistas que estaban al servicio de la prestigiosa casa periodística de El Espectador.

Sin embargo, fue en una irregular monografía, para optar al título de Abogado en la Universidad del Atlántico (1994-1997), titulada: “Libertad de prensa, poder y normas jurídicas”, donde hilvané unas desaliñadas ideas sobre el tema de la libertad de prensa en torno a su definición, el ejercicio del poder en ella, a través de la «théorie française», especialmente, sobre las teoría del poder de Michael Foucault y el recorrido histórico de su regulación a través de la normatividad jurídica, que nos remontaba, especialmente, a la censura estatal a través del famoso artículo transitorio “K” de la Constitución de 1886, que dejó a potestad de una censura oficial, el control de la prensa o el decreto 1888 o la ley de “Los caballos”, denominada así, paradójicamente, por Fidel Cano, que conllevó al confinamiento y destierro a los periodistas, en nombre de la moral y las buenas costumbres, que en sí era poner en preaviso, el significativo poder de la prensa, lo que, desde la revolución burguesa de Oliver Cromwell en Inglaterra, denominaron el cuarto poder.

De tal manera, que lo sucedido entre la casa editorial de la revista Semana (de ideario, en sus orígenes, liberal, en ocasión a su fundador Alberto Lleras Camargo en 1946) y el despido del periodista investigativo de opinión, Daniel Coronell, no es nada novísimo en el record de casos similares que hay en la historia de Colombia, entre esos, el sonado en 1977, cuando despidieron a “Klim” (Lucas Caballero) del periódico El Tiempo, por ser una piedra en el zapato para el gobierno de Alfonso López Michelsen.

Pero, realmente, no vamos a entrar en los intríngulis de la despedida de Coronell, de la revista Semana, que de paso ha mojado buena tinta, incluyendo la columna outsider de Coronel, en la plataforma digital “Los Danieles” (Columnas sin techos), titulada: “La historia no contada”, donde, con lujos de detalles, muestra esa injerencia de los intereses empresariales del propietario del 50% de la revista, Gabriel Gilinski, en la política editorial de Semana, lo cual había sido criticado por Daniel Coronell, en una columna, que lleva como título: “Las orejas del lobo”, que en una vendetta contra el periodista Julio Sánchez Cristo, se ensañan contra él, cuando éste y su grupo periodístico de la FM, denunciaron los masivos despidos en Semana de periodistas y administrativos, desde comienzo hasta finales del año de 2019.

Sin embargo, a pesar de los orígenes de la revista Semana, en manos de Lleras Camargo, y de ser una expresión del capitalismo simbólico a la manera del sociólogo francés Pierre Bourdieu, lo que, personalmente, a mí me interesaba de este semanario, era que en sus páginas se colaba una cierta tolerancia a un pluralismo ideológico, manifestado en una resistencia de una ética periodística entre varios de sus columnistas, que lograban romper cierta hegemonía cultural en el manejo de la información veraz como bien público y una aceptación natural a la autocrítica, entendida como una licencia de los periodistas de poder criticar al medio en el que trabajaban, cuando querían separarse de la política editorial de Semana; lo cual no siempre se daban en una relación fluida entre la política editorial de la revista y sus columnistas de planta, entre los cuales contaban, y algunos de ellos aún cuentan: María Jimena Duzán, Daniel Coronell Castañeda (despedido), Antonio Caballero Holguín, León Valencia Agudelo (despedido), Julian de Zubiría (renunció en solidaridad con el caso de Daniel Coronell) y Daniel Samper Ospina ( quien, igualmente, renunció en solidaridad con Daniel Coronell).

Este pluralismo ideológico, como la aceptación de la autocrítica, se venían reduciendo, por los virajes que viene dando Semana, especialmente, cuando su refundador, Felipe López Caballero (hijo del expresidente Alfonso López Michelsen), a comienzo del 2019, vende al grupo Gilinski, el 50% de las acciones; pero, con el compromiso, que el manejo periodístico de Publicaciones Semana, se mantuviera en manos de López Caballero; sin embargo, la estrategia de la venta, era tratar de llevar las Publicaciones Semana, más a plataformas digitales, en donde Gabriel Gilinski, al parecer se la sabe toda, como un gomoso de la tecnología. Pero, sí esto era cierto, igualmente, cierto era los diferentes cambios que se venían dando en la planta de columnistas en la revista Semana, cuando comienza un top light, con el ingreso de Vicky Davila, Salud Hernández Mora y Juan Ricardo Ortega; periodistas de una visión de corte derechista y con una relación fuerte con el uribismo.

En ese sentido, no hay la menor duda, que la revista Semana, así como el grupo: Publicaciones Semana, paulatinamente, han comenzado a dar un giro total hacia la derecha, y, posiblemente, a la extrema derecha, representada en el uribismo de todas las pelambres; y una explicación de esto, no sólo es el despido de varios columnistas críticos con el establishment, sino la llegada de Gabriel Gilinski, como co-propietario del emporio periodístico, quien, según él, aportó 38 millones a la campaña presidencial de Ivan Duque, y de la politiquera Sandra Suarez Pérez a la Gerencia General del grupo Semana, quien fue ministra del Medio Ambiente y de Vivienda y Desarrollo Territorial en el primer gobierno de Uribe, quien tuvo la misión de ir por la cabeza de Daniel Coronell.

El problema no es el giro completo que está dando el grupo Semana hacía la derecha, sino que con ello, acaba, en el periodismo colombiano, entre la escritura diaria de nuestra realidad, la ebullición de los matices ideológicos dentro de una diversidad de pensamientos, dejando menguada la crítica, como esa posibilidad de incidir en algo para que cambie. No hay la menor duda, que seguiremos el camino escarpado y ante el abismo, en un país que se está cerrando totalmente a la diversidad en democracia, y no hay algo igual de peligroso, al Covid 19, que una sociedad manejada con una sola visión sobre el mundo, cuya tendencia sería a desaparecer.

Barranquilla, 15 de abril de 2020.

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