El día que robaron al Milagroso

En  julio se cumplieron treinta y cuatro años de uno de los sacrilegios más grandes que se han dado en la costa caribe colombiana.

Por: Jhonny Polo

Sin que el actor intelectual ni material haya sido un cura honrado, el hurto de la corona del milagroso de la villa, tiene cierto parecido con la popular canción de Rafael Escalona: la custodia de Badillo.

Medios como la revista Semana registraron el suceso. El responsable de redactar la noticia en dicha revista, sería el renombrado escritor Juan Gossaìn, quien con su aguda pluma redactara el siguiente encabezado:  “Estoy indignado. La barbilla me tiembla. He tratado de aplacar mi ira para sentarme a la máquina con el alma en paz. Pero no es sino que escriba la primera línea y de inmediato resucita esta marea de rabia que se me anuda en la garganta. No sé si ponerme a llorar, con la cara entre las manos, o pegarle una patada al mundo.

El caso es que acaban de robarle los portentos y la alcancía de las limosnas al Cristo Milagroso de la Villa de San Benito. La noticia es terrible y sobrecogedora. Hombres malvados, con corazón de guarumo y entrañas de piedra, se metieron entre las sombras de la noche y cometieron el asalto”.

Yo era muy pequeño por aquellos días, sin embargo, tengo vagos recuerdos. La gente de San Benito el día posterior al robo se encontraba en un marasmo, una resaca colectiva se había apoderado de los habitantes del tranquilo poblado. No era para menos, habían saqueado sin asco la emblemática reliquia. El famoso Cristo mestizo que llevaba más de tres siglos atrayendo fieles por la fama de sus prodigios había sido profanado.

Los días que siguieron al desafortunado suceso, fueron de interrogantes y especulaciones. En las esquinas la gente decía que los culpables ya estaban pagando la afrenta, que el autor intelectual, del cual no se conocía su identidad, había quedado parapléjico por castigo divino.

La verdad, es que desde el punto de vista de la fe, el robo no tiene parangón en la historia de San Benito; no obstante ya nos habían quitado otras cosas. Nos han arrebatado por ejemplo, la historia. Hoy no tenemos certeza de cuando fuimos fundados, por eso a diferencia de otros pueblos que celebran su fundación con pitos y tambores, nosotros no hacemos nada y a pocos nos preocupa o nos altera. Nos quitaron también el título honorifico que una vez ostentamos, a saber, Villa.

Este título era dado por la corona española  y tenía algunos privilegios frente a otras poblaciones. Hoy somos San Benito, así, sin títulos, como el padre del monacato occidental y con su misma pobreza, aunque la del monje fue por opción y la del pueblo por abandono estatal.

Era el año de 1985 cuando robaron al Milagroso. Ignoro quien tenía las riendas del municipio en ese tiempo, lo que sí puedo decir con certeza es que una seguidilla de mandatarios han pasado por el palacio municipal como uno de esos maremotos asiáticos que solo causan estragos.

A San Benito le han robado muchas cosas, le han quitado incluso, la confianza en la democracia. En las elecciones que se avecinan el panorama   es de escepticismo y desconfianza. Por suerte al Cristo solo le robaron la corona, pero no los milagros. Ojalá que no abandone a su pueblo.

Tomado de: lachachara.org

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