EL FANATISMO CIEGO (Maldito el hombre que cree en el hombre)

Por: Henry Gomez Zárate

El fanatismo que traslada al hombre la fe de la que solo es merecedor Dios, encarna en lo terreno (en un cuerpo, en el “hombre fuerte”) la sustanciación divina.

Si los hechos desbarran e indican los pies de barro del hombre-Dios, el fanático los anula a fin de evitar la crisis en su sistema de creencias o bien suspende el juicio en espera a que el dios-hombre encarnado enderece su propia versión (si inverosímil, no importa) que permita hacer compatibles los hechos con la fe.

Es una confianza desesperada que se agarra al hombre-Dios como a clavos ardiendo. Los “hombres fuertes” han descubierto un secreto para mantener en el tiempo el fanatismo ciego de sus seguidores: que a diferencia de la fe en Dios basada en el amor al prójimo, nadie se pierde en el fanatismo ciego tras un líder sino sobre la base del odio o el miedo que se siembra entre los hombres.

Ese fanatismo ciego, la figura del hombre-Dios y el sustrato de odio-miedo están jugando fuerte y de un modo irracional en la coyuntura política colombiana.

LA PREDICA Y LOS HECHOS:

Te dicen que el cambio le quitará injustamente a ricos laboriosos para darle a pobres perezosos pero los hechos los muestran financiando a los bancos con los dineros de todos (impuestos) en tiempos de crisis, quitándole impuestos a los ricos y gravando hasta la médula a los pobres, empujando con violencia a débiles campesinos para extender las cercas de poderosos hacendados. Contra todo sentido común te dicen que quien trabaja es el flojo y que quien observa y manda (hasta con violencia) es el laborioso.

Te dicen que politizar a la sociedad para que cobre conciencia de sus derechos y aprenda a empoderarse de su destino es populismo pero diseñan políticas públicas arropadas de un populismo inverso que te induce a darle brillo a tus cadenas. Festejas la exclusión disfrazada de mérito (ser pilo paga) y celebras las migajas populistas como sustitutos de derechos (familias en acción en reemplazo de la pensión)

Te dicen que el cambio es la glorificación de la pereza de los pobres que esperarán todo “regalado” del estado pero los hechos los muestran reunidos otra vez con los eternos ladrones del estado (santismo-uribismo), repartiendo entre los ricos dádivas que le han quitado a los pobres (AIS), saqueando lo publico y lo privado que, por cuenta del neoliberalismo, es un solo terreno indistinto de fronteras.

Quién tiene el dinero de nuestras imposibles pensiones? Pues unos privados avivatos que tienen como deporte vestirse de públicos para aumentar la edad y la cotización que haga efectivo el derecho.

Quién tiene los dineros con que deberían garantizar la sanidad pública? Pues unos insensibles privados que dejan morir a los colombianos por calculada desatención y luego se visten de lo publico para aumentar las sumas asignadas y eliminar todos los controles y castigos.

Así todo lo han vuelto mercancía, todo lo depredan, todo lo exterminan. Y no es por el bien colectivo, que a lo mejor podría justificarlo: nos tienen en el tercer lugar desigualdad en el mundo.

Mientras todo esto ocurre, los fanáticos ciegos andan más que distraídos tras las pistas del juego del odio y del miedo. Si los hechos no entran por ese tenebroso haz, si no confirman su fe, no les hables porque pierdes tu tiempo.

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