HAY QUE PONERLES FRENOS (Abogado Abelardo de la Espriella vs analista Ariel Ávila)

Por: Henry Gómez Zarate.

En el set de noticias de la periodista Vicky Dávila, el abogado Abelardo de la Espriella casi agrede físicamente al analista e investigador Ariel Avila. No es la primera vez que representantes de la ultraderecha política colombiana transgreden esa línea para ellos difusa entre debate e insultos (y de ahí la latente agresión física).

El sustento de estas actitudes intolerantes es una extendida cultura cuasi-fascista amojonada por todas las vías posibles desde el rompimiento de los diálogos del Caguán, no solo contra las guerrillas sino contra todo lo que piensa distinto al credo de la ultraderecha. Los medios de comunicación han constituido la columna vertebral de esta inoculación feroz de intolerancia anti-democrática.

Hay que ponerles frenos, empezando por esos medios, asumiendo como prioridad la necesidad que se democraticen los instrumentos de socialización masiva de la información, única vía por la que puede comenzar a oponerse a los reduccionismos y mentiras, la simple verdad sobre las responsabilidades de todos los implicados en el conflicto armado y la secuencia real de su origen y evolución histórica.

Son muy pesadas las simplificaciones y convenientes falsedades sobre las que se ha construido este ambiente fascista de intolerancia:

– el vaciamiento oligárquico e institucional cómplice con el fenómeno paramilitar,

– la ocultación de la primacía de su agenda contrarreformista económica y de empoderamiento político mediante el terror.

– su falseación en la caracterización de victimario unificado en lo operativo y estratégico

– y la negación del peso específico superior y cualitativamente más horroroso que les corresponde en la generación de víctimas

Todo ello preña los imaginarios sociales que se les suman en complicidad moral. O hay exposición plena y amplia de la verdad del conflicto o seguiremos teniendo a todo el entorno paramilitar (políticos, militares, policías, financiadores y funcionarios públicos cómplices) envenenando de un fascismo envalentonado a esta nación.

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