LA LOCURA VIOLENTA QUE FLOTA EN EL AMBIENTE

Por: Henry Gómez Zarate

Preste atención a la siguiente historia ocurrida en el día de ayer, con dos estudiantes de la institución educativa en que trabajo.

Un par de estudiantes de 10mo. grado, luego de salir de sus actividades, transitaban cra 14 abajo en proximidades de la calle murillo, rumbo a sus hogares. Iban a pie, como corresponde a jóvenes de escasos recursos y sin transporte escolar. De repente tropiezan con un bus urbano que acababa de quedarse varado y estaba transfiriendo los pasajeros hacia otro de la misma línea. A uno de los estudiantes, se le ocurrió, por picardía, colarse entre los pasajeros en trasbordo. Una vez dentro del bus, el chofer se apercibe del colado y le exige el pago del pasaje. Tremendo dilema. El estudiante sin una moneda de centavo en el bolsillo opta por lo que le indicaba su instinto de preservación, a saber: en un santiamén se vuela el torniquete y sale del bus en carrera, acompañado del otro estudiante, que a esas alturas, opta por secundar la huida.

Hasta ahí todo revestía las características de una impropia travesura estudiantil, salvo lo que viene, propio de la locura violenta que flota en el ambiente. Al ver a los estudiantes en carrera, el chofer del bus se para en el estribo y grita a todo pulmón: ¡CÓJANLOS!, grito de guerra al que respondieron oficiosamente unos mototaxistas, con sus cascos como porras de castigo de la improvisada barahúnda justiciera.

Casi en asfixia, el estudiante de la travesura sobre el que se concentró la manada, se salvó de milagro en el último instante, gracias a la intervención de una empleada del colegio, por coincidencia vecina del sector, quien alegó conocerlo y pidió que al menos se escucharan las razones que lo habían llevado a aquel abismo de desamparo.

Una verdadera locura toda la cadena de acontecimientos: la impropia travesura de un estudiante pobre, un grito de guerra de un chofer “ofendido”, unos mototaxistas que juraban estar autorizados para descargar todas sus frustraciones violentas sobre el que sin mayor información identificaban como “atracador” y una desgracia salvada por la campana.

Así está gran parte de esta sociedad que se dice cristiana: basta que nos veamos en la situación de juzgar algo como condenable para que nos sintamos autorizados a descargar una violencia que multiplica la maldad original que la desata.

Todos los desfogues impropios por los que puedan discurrir los pobres, los vulnerables o los desesperados se curan con porras, barrotes, plomo, motosierras o bombas de racimo. Piensa y actúa así y podrías hasta ser encumbrado a la presidencia. En esa locura vivimos.

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