LA TIRANÍA QUE SE FINGE DEMOCRACIA (De la absolución de Zuluaga a la contención violenta de los maestros)

Por Henry Gòmez Zarate

Que dos o más facciones de una misma élite gobernante se nos figure dividida no sustrae de ellas un piso estratégico común ni su naturaleza tiránica, como es el caso para Colombia.

En estos días agitados un pequeño balance sobre las impunidades y las lógicas pro status quo con que el régimen fraccionado se despacha:

– Cierran la investigación contra Zuluaga en relación con la comisión de un delito que observamos 45 millones de colombianos a través de un vídeo incontestable, que lo muestra concertando con otros bandidos el uso delictivo de información ilegalmente obtenida sobre el proceso de paz en la Habana.

– El fiscal que lo exonera, metido hasta las tetas en asesorías jurídicas con la élite beneficiaria de grandes contratos (y con sus corrupciones asociadas), en esa linda manera de convertir el estado social en neoliberal, arma soberano escándalo sobre las propiedades de las Farc, siguiendo la histórica lógica de linchamiento contra los opositores armados que se allanan a procesos de pacificación.

– Ese mismo fiscal garantiza para la ultraderecha violenta un silencio cómplice sobre las economías ligadas al paramilitarismo, cuya violencia, más que destinada a enfrentar en la manigua a las guerrillas, fue un instrumento terrorífico de control social y político que permitió configurar un nuevo mapa de propiedad de la tierra (en clave de contrarreforma) y potenció la corrupción de las dinastías políticas a las que sirvió, hasta el punto que los dineros públicos de la salud y los cupos indicativos para congresistas fueron su caja menor.

Quienes financiaron al paramilitarismo no excluyeron la lógica del capitalismo: toda inversión persigue ganancias.

(Se imaginan la reacción de estos financiadores si se les impusiera un tributo para fondear la educación, equivalente a lo que generosamente entregaban a los paracos? )

– Se abren en flor un escándalo tras otro de corrupción y la lista de responsables se despliega en regadera sobre esa línea falsa e imaginaria del uribismo y el santismo.

Línea imaginaria atornillada en la conciencia de compatriotas ingenuos que ceden a los impulsos de la manipulación emotiva, mediáticamente amplificada. Las órdenes de captura no llegan nunca al cogollo de la élite intocable.

– El gobierno de Santos, en una misma línea inquebrantable de Pastrana a nuestros días, le responde a los maestros que las demandas de financiación de la educación en términos que se correspondan con un estado social son inviables por falta de recursos.

La responsabilidad le cabe entera al modelo pues ni en tiempos de guerra ni en tiempos de paz, un estado tercermundista neoliberal prioriza la educación pública.

Hace parte de su lógica marchitarla para transferirla como negocio al sector privado: ser pillo paga.

– Más de un despistado cede a la tentación uribista de vincular la negativa anterior a la “benevolencia de Santos con las Farc”: cuánta ingenuidad.

Al margen de la instrumentalización emotiva de este argumento, tan útil al uribismo, el desmonte de la contención del estado a las Farc libera más recursos de los que compromete para sostener los acuerdos.

Lo que no hay es voluntad por parte de Santos y menos por parte del uribismo que se beneficia del trasnochado argumento, comprometidos ambos con esa línea histórica de desfinanciación pública de derechos sociales que luego convierten en negocio privado.

– Dos docentes asesinados en lo que va del paro y, como cereza del postre, sueltan al Smad para refrescar la memoria sobre la combinación de todas las formas de lucha que es capaz de usar el establecimiento en su propósito de contención del pueblo organizado en demanda de sus derechos.

Nada de lo anterior deja de ser previsible. Hay que cambiar el modelo. Hay que identificar a las bases políticas que lo sostienen, enemigos coyunturales entre sí, que podrían distraernos con sus enconos. Hay que restañar al estado social de derecho. La pelea es peleando.

 

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