LOS MITOS QUE SUMAN A LA CULTURA FASCISTA

Por: Henry Gomez Zarate

Se suele hablar de la gran astucia de Uribe frente a cada desafío jurídico que amenaza con ponerle fin a su impunidad. No hay tal. Ningún presidente o ex resulta juzgado en serio en Colombia (salvo que llegase a ser de izquierda). Tal es el nivel de inseriedad de la justicia en Colombia que incluso la mayoría de alcaldes y concejales pueden granjearse impunidades pese a que lo más generalizado en la administración pública es el delito. El problema de la justicia en Colombia es sistémico como sistémica es la corrupción pública. Por eso cuando muy ocasionalmente aparece un juez o magistrado con la suficiente honradez y valentía para sancionar a un político importante, se habla de persecución. En Colombia, “la persecución judicial” es romper la tradición de impunidad.

Se suele creer que el punto de quiebre de la guerra contra las guerrillas lo constituyó el gobierno de Uribe. Nunca hubo una mentira tan rigurosamente falsa. Bastaría comparar el número y la importancia de las bajas entre los gobiernos Uribe y los de Santos para corroborar que los números favorecen a este último con creces. Pero ojo: tampoco fue Santos. El punto de quiebre lo constituyó la injerencia directa de EU en el conflicto a partir del Plan Colombia. Esa injerencia verdaderamente concentró su objetivo en disminuir el potencial ofensivo de las guerrillas pues la estrategia oligárquica y estatal del paramilitarismo tenía puesto su énfasis en otros tópicos (empoderamiento político y contrarreforma económica a partir del control social por terror). Si alguna enseñanza dejan estos dos personajes en este sentido es sobre “cómo no torpedear la labor de guerra de una potencia extranjera produciendo víctimas civiles innecesarias (falsos positivos)”.

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